Es un hecho: a pesar de no ser una tradición española se ha impuesto entre nosotros. Mi versión del por qué de estos hechos la doy en la siguiente poesía.
La fiesta de "jalogüén"
que inventaron los ingleses,
ha triunfado entre nosotros,
y muy bien que nos parece
Para recordar los difuntos
llevábamos flores al camposanto,
recitábamos el Tenorio
y comíamos huesos de santo.
Y todo muy calladito,
sin hacer nada de ruido,
con pena y mucha tragedia,
¡pero era muy aburrido!
Sin embargo los sajones
organizan una fiesta
con bailes, disfraces, canciones,
¡que parece la repera!
Con gracejo y buen humor
lo pasan en armonía,
grandes y chicos gozando,
de la noche de ese día.
Todos tienen su oportunidad,
de poder pasar un buen rato
pudiéndose disfrazar
o hacer un truco o un trato.
Por eso, señores yo digo,
¡no hay color en la elección!
entre ir al cementerio
y organizar una fiesta,
por eso hacemos "jalogüén"
cualquier otra cosa es quimera.
Y así en España, señores,
se impuso la fiesta extranjera,
disfrazarse, cantar y bailar
y lo demás son monsergas.
miércoles, 31 de octubre de 2012
domingo, 28 de octubre de 2012
El nuevo encaje de los juegos antiguos
En los últimos tiempos, con la irrupción de los vídeo juegos se ha perdido el juego en la calle con juguetes tradicionales, sobre todo en las ciudades; es por ello que sorprende y mucho el furor que está causando entre el alumnado de primaria un juguete tradicional como es el trompo.
Casi todos los alumnos de primaria de mi centro, y no solo varones, llevan su trompo al colegio y aprovechan los recreos para dedicarse a jugar con este elemento.
Hoy día, los trompos ya no son de madera como antiguamente, ni llevan la punta de acero, sino que se hacen de plástico y en muchos colores, con lo cual desaparece la posibilidad que había antes de poder tunear el trompo.
Lo que ha cambiado también, y me llama mucho la atención es la manera que tienen hoy los niños y niñas de jugar al trompo, muy diferente de la de antes. Cuando yo era niño jugábamos con el trompo a competir quién tenía mayor puntería con él y, sobre todo, a romper otros trompos en un juego de contacto y competición que ganaba aquel que quedaba al final solo dentro del círculo habiendo echado fuera a los demás trompos, que podían sufrir deterioros e incluso roturas en los desplazamientos. Hoy, por contra los niños y niñas juegan al lado unos de otros con el trompo, pero cada uno juega con su trompo estableciendo una interacción mínima con el compañero, y el juego consiste en una serie de prácticas individuales de habilidad con el trompo, sin mayor contacto con los demás.
Y así, observamos niños y niñas muy hábiles en el manejo del artefacto, que lo tiran, lo recogen con la mano, lo pasean por encima de la cuerda y, todo con mucha habilidad, pero con una mínima interacción. Los alumnos y alumnas compiten contra si mismos en su manejo del trompo, pero no tienen juegos de competición pura entre ellos, y eso parece bastante aburrido.
Aunque trabajar la destreza con el trompo sea positivo, y aumenta la autoestima de los practicantes, a mi juicio al juego de trompo moderno le falta la interacción y la competitividad necesaria para hacer de este juguete un verdadero disfrute.
Para finalizar una adivinanza:
Para bailar me pongo la capa, sin la capa no puedo bailar,
para bailar me quito la capa, con la capa no puedo bailar.
Lo adivinan, es el trompo.
Casi todos los alumnos de primaria de mi centro, y no solo varones, llevan su trompo al colegio y aprovechan los recreos para dedicarse a jugar con este elemento.
Hoy día, los trompos ya no son de madera como antiguamente, ni llevan la punta de acero, sino que se hacen de plástico y en muchos colores, con lo cual desaparece la posibilidad que había antes de poder tunear el trompo.
Lo que ha cambiado también, y me llama mucho la atención es la manera que tienen hoy los niños y niñas de jugar al trompo, muy diferente de la de antes. Cuando yo era niño jugábamos con el trompo a competir quién tenía mayor puntería con él y, sobre todo, a romper otros trompos en un juego de contacto y competición que ganaba aquel que quedaba al final solo dentro del círculo habiendo echado fuera a los demás trompos, que podían sufrir deterioros e incluso roturas en los desplazamientos. Hoy, por contra los niños y niñas juegan al lado unos de otros con el trompo, pero cada uno juega con su trompo estableciendo una interacción mínima con el compañero, y el juego consiste en una serie de prácticas individuales de habilidad con el trompo, sin mayor contacto con los demás.
Y así, observamos niños y niñas muy hábiles en el manejo del artefacto, que lo tiran, lo recogen con la mano, lo pasean por encima de la cuerda y, todo con mucha habilidad, pero con una mínima interacción. Los alumnos y alumnas compiten contra si mismos en su manejo del trompo, pero no tienen juegos de competición pura entre ellos, y eso parece bastante aburrido.
Aunque trabajar la destreza con el trompo sea positivo, y aumenta la autoestima de los practicantes, a mi juicio al juego de trompo moderno le falta la interacción y la competitividad necesaria para hacer de este juguete un verdadero disfrute.
Para finalizar una adivinanza:
Para bailar me pongo la capa, sin la capa no puedo bailar,
para bailar me quito la capa, con la capa no puedo bailar.
Lo adivinan, es el trompo.
domingo, 7 de octubre de 2012
La separación de las palabras, a través del dictado
La mayoría de los expertos en la enseñanza de la lectoescritura están de acuerdo en afirmar que, lo más difícil de aprender de todo el proceso es una separación correcta de las palabras en la escritura, sobre todo de aquellas palabras sin significado e invariables que son imprescindibles para una buena comunicación escrita, pero que cuesta tanto introducir en las posiciones correctas.
Ello ha podido constatarse incluso en los movimientos nuevos de escritura natural como el constructivismo, que eran muy motivadores para el alumnado pero que tarde o temprano acababan chocándose contra la realidad de que no tenían un sistema adecuado de enseñar a separar las palabras y, los practicantes eran capaces de escribir incluso textos muy largos, pero no de separar correctamente las palabras en ellos.
Para evitar este problema, debe empezarse desde muy pronto a separar las palabras en la escritura y, la mejor manera de ello, es a través del dictado.
El dictado no solo enseña a pensar las letras y palabras que tenemos que escribir, y a escribirlas en su lugar, sino también a separar las palabras desde el principio mediante la modulación vocal y el intervalo de tiempo.
A un infante que empieza a hacer dictados en infantil de cinco años debe enseñársele aún antes que a reconocer las letras que debe escribir y su orden concreto, a reconocer el número de palabras que le piden cuáles son y su orden concreto. Así, incluso en los primeros dictados cuando nos estamos manejando únicamente con vocales debemos acostumbrar al alumnado a percibirlas juntas o separadas y a escribirlas de una u otra manera según se le pidan. Para ello debemos previamente hacer visible que las letras forman palabras y hay muchas palabras diferentes y que, toda palabra diferente se representa separada en la escritura. A partir de ello, con mucha modulación de voz <graves/agudos> que establezcan los contrastes junto/separado al principio y una exageración del pronunciamiento de los intervalos de tiempo entre letras separadas, trabajaremos desde un principio la separación primero de letras y, después de palabras, para lograr que el niño o la niña perciban la separación auditivamente con nitidez, hasta que, más adelante puedan conocer diferentes tipos de palabras y sepan al escucharlas si van juntas o separadas sin necesidad de exagerar los intervalos de tiempo.
Lo importante, no obstante, es conseguir desde el principio que el niño adquiera esa madurez auditiva suficiente para que pueda separar las palabras al dictado con suficiencia y seguridad, y si eso se consigue, esa seguridad se transmitirá posteriormente a los textos libres o sugeridos que ellos escriban, aprendiendo así, desde un principio, a separar las palabras correctamente.
Esto, que no para nada sencillo, debe ensayarse hasta aprenderse a través del dictado, que una vez más se nos muestra como la herramienta más poderosa de aprendizaje de la escritura. Los alumnos que aprenden a manejarse en el dictado con corrección escribirán luego sin problema textos de todo tipo y longitud. Por ello, en cinco años el trabajo de dictado es fundamental para que luego en primero de primaria se recojan los beneficios de una buena escritura.
Ello ha podido constatarse incluso en los movimientos nuevos de escritura natural como el constructivismo, que eran muy motivadores para el alumnado pero que tarde o temprano acababan chocándose contra la realidad de que no tenían un sistema adecuado de enseñar a separar las palabras y, los practicantes eran capaces de escribir incluso textos muy largos, pero no de separar correctamente las palabras en ellos.
Para evitar este problema, debe empezarse desde muy pronto a separar las palabras en la escritura y, la mejor manera de ello, es a través del dictado.
El dictado no solo enseña a pensar las letras y palabras que tenemos que escribir, y a escribirlas en su lugar, sino también a separar las palabras desde el principio mediante la modulación vocal y el intervalo de tiempo.
A un infante que empieza a hacer dictados en infantil de cinco años debe enseñársele aún antes que a reconocer las letras que debe escribir y su orden concreto, a reconocer el número de palabras que le piden cuáles son y su orden concreto. Así, incluso en los primeros dictados cuando nos estamos manejando únicamente con vocales debemos acostumbrar al alumnado a percibirlas juntas o separadas y a escribirlas de una u otra manera según se le pidan. Para ello debemos previamente hacer visible que las letras forman palabras y hay muchas palabras diferentes y que, toda palabra diferente se representa separada en la escritura. A partir de ello, con mucha modulación de voz <graves/agudos> que establezcan los contrastes junto/separado al principio y una exageración del pronunciamiento de los intervalos de tiempo entre letras separadas, trabajaremos desde un principio la separación primero de letras y, después de palabras, para lograr que el niño o la niña perciban la separación auditivamente con nitidez, hasta que, más adelante puedan conocer diferentes tipos de palabras y sepan al escucharlas si van juntas o separadas sin necesidad de exagerar los intervalos de tiempo.
Lo importante, no obstante, es conseguir desde el principio que el niño adquiera esa madurez auditiva suficiente para que pueda separar las palabras al dictado con suficiencia y seguridad, y si eso se consigue, esa seguridad se transmitirá posteriormente a los textos libres o sugeridos que ellos escriban, aprendiendo así, desde un principio, a separar las palabras correctamente.
Esto, que no para nada sencillo, debe ensayarse hasta aprenderse a través del dictado, que una vez más se nos muestra como la herramienta más poderosa de aprendizaje de la escritura. Los alumnos que aprenden a manejarse en el dictado con corrección escribirán luego sin problema textos de todo tipo y longitud. Por ello, en cinco años el trabajo de dictado es fundamental para que luego en primero de primaria se recojan los beneficios de una buena escritura.
martes, 18 de septiembre de 2012
El ábaco en la base del cálculo mental
La mayoría de docentes está de acuerdo en la importancia del cálculo mental, y de lo decisivo que resulta iniciarlo pronto, más concretamente durante la etapa de educación infantil.
¿Pero como podemos iniciar a los pequeños en esto, para que cojan soltura y lo acaben dominando?
La repuesta aparece yendo a las bases del cálculo, ¿Y, cuáles son estas? Lógicamente, el conteo. Contar hacia adelante y hacia atrás, aprendiendo de uno en uno, de dos en dos, hasta de diez en diez siguiendo todos los números naturales nos posibilita reconocer la cantidad que va a venir a continuación y anticiparla,y, precisamente en eso consiste el cálculo mental. Aprender a contar hacia adelante nos va a preparar para resolver mentalmente operaciones de suma y multiplicación, y aprender hacia atrás <que es más difícil> nos pondrá en disposición de calcular diferencias y divisiones. ¿Y de qué manera podemos iniciar, mantener y consolidar el conteo en educación infantil? La forma más sencilla que se me ocurre es con el uso de un ábaco, que nos va a posibilitar ejercitar el conteo hasta cien, <o hasta cincuenta si el ábaco es vertical>, de todas las maneras posibles, con la presencia material del objeto contado que nos va a posibilitar corregir errores y dudas sobre la marcha.
Si iniciamos el conteo con ábaco desde los tres años, donde podemos aprender a contar de uno en uno hacia adelante y hacia atrás y de dos en dos hacia adelante, y en cuatro años lo consolidamos, empezando a realizar conteos y pequeñas operaciones sin usar el ábaco, al llegar a cinco años podemos lograr que el alumnado adquiera un cálculo mental aceptable para que, al llegar a primero pueda resolver con celeridad y exactitud operaciones básicas que no rebasen la centena.
¿Cuál es la manera idónea de conseguir este propósito? Se empieza por realizar las cuentas con el ábaco unas pocas veces y, a continuación se hace el mismo conteo sin usarlo, por ejemplo de uno en uno hasta cien. Cuando lo hemos conseguido realizamos la misma operación con una modalidad diferente de conteo, y así hasta agotarlas todas.
En otra entrada explicaremos como fomentar el conteo y el cálculo con las regletas de Cusinaire.
¿Pero como podemos iniciar a los pequeños en esto, para que cojan soltura y lo acaben dominando?
La repuesta aparece yendo a las bases del cálculo, ¿Y, cuáles son estas? Lógicamente, el conteo. Contar hacia adelante y hacia atrás, aprendiendo de uno en uno, de dos en dos, hasta de diez en diez siguiendo todos los números naturales nos posibilita reconocer la cantidad que va a venir a continuación y anticiparla,y, precisamente en eso consiste el cálculo mental. Aprender a contar hacia adelante nos va a preparar para resolver mentalmente operaciones de suma y multiplicación, y aprender hacia atrás <que es más difícil> nos pondrá en disposición de calcular diferencias y divisiones. ¿Y de qué manera podemos iniciar, mantener y consolidar el conteo en educación infantil? La forma más sencilla que se me ocurre es con el uso de un ábaco, que nos va a posibilitar ejercitar el conteo hasta cien, <o hasta cincuenta si el ábaco es vertical>, de todas las maneras posibles, con la presencia material del objeto contado que nos va a posibilitar corregir errores y dudas sobre la marcha.
Si iniciamos el conteo con ábaco desde los tres años, donde podemos aprender a contar de uno en uno hacia adelante y hacia atrás y de dos en dos hacia adelante, y en cuatro años lo consolidamos, empezando a realizar conteos y pequeñas operaciones sin usar el ábaco, al llegar a cinco años podemos lograr que el alumnado adquiera un cálculo mental aceptable para que, al llegar a primero pueda resolver con celeridad y exactitud operaciones básicas que no rebasen la centena.
¿Cuál es la manera idónea de conseguir este propósito? Se empieza por realizar las cuentas con el ábaco unas pocas veces y, a continuación se hace el mismo conteo sin usarlo, por ejemplo de uno en uno hasta cien. Cuando lo hemos conseguido realizamos la misma operación con una modalidad diferente de conteo, y así hasta agotarlas todas.
En otra entrada explicaremos como fomentar el conteo y el cálculo con las regletas de Cusinaire.
domingo, 15 de julio de 2012
Talleres con padres como fórmula para trabajarlas semanas cortas.
Todos los cursos hay, al menos una por trimestre, semanas cortas de dos o tres días, que descuadran la programación general del aula en las clases de educación infantil, y que invitan a hacer cosas distintas dentro del aula.
Para esas semanas son muy adecuados los talleres, porque cumplen una serie de requisitos que los hacen atractivos: en primer lugar, nos enseñan a realizar algo de modo específico, con lo cual se convierte en aprendizaje de tipo procedimental, y nos enseñan para que sirve aquello que estamos aprendiendo, con lo que se transforma en aprendizajes de tipo competencial, válidos y útiles en el devenir de la vida cotidiana, y tan de moda hoy tras el desarrollo de la última ley de educación en Andalucía. En segundo lugar, su desarrollo requiere, muchas veces, la preparación de espacios y escenarios diferentes a los habituales del aula y el uso de materiales distintos a los empleados con regularidad, con lo cual tienen una fuerza motivacional importante para hacerse atractivos al alumnado y, por último, son un buen modelo para abrir el aula a la participación de las familias que, muchas veces tienen mucho que aportar en determinados campos que pueden ser susceptibles de trabajar por talleres.
Por tanto, son un buen elemento motivacional para la enseñanza y sirven para desconectar y hacer otras cosas y de otra manera en esas semanas cortas del año, sin que por ello pierda calidad e intensidad el proceso de aprendizaje, sino al contrario.
Yo, que en esto como en casi todo soy heterodoxo y hago las cosas a mi manera, no creo que cursos enteros deban llevarse a cabo bajo la metodología de los talleres de aprendizaje <aunque hay quién lo hace>, porque creo que lo poco agrada y lo mucho aburre, y, hay aprendizajes básicos como el lectoescritor que no se adaptan bien < a mi juicio> a este tipo de metodología, pero si que determinados saberes específicos pueden mostrarse de esta forma.
A su vez, cuando la metodología de aprendizaje implica mucho la colaboración de las familias, los talleres suponen una oportunidad única para que padres y madres cuenten a la clase sus habilidades específicas y nos enseñen los rudimentos para hacer cosas determinadas.
Así, dependiendo de las habilidades con que cuenten dentro de su tutoría el profesorado de infantil, pueden hacerse multitud de talleres: desde talleres técnicos de iniciación a la informática, talleres de cocina, de manualidades, de dibujo, de ritmo, de baile, de conocimiento de fenómenos físicos, de cuidado de plantas y animales...
Este curso, lo voy a proponer en mi aula, y espero que salga adelante.
Para esas semanas son muy adecuados los talleres, porque cumplen una serie de requisitos que los hacen atractivos: en primer lugar, nos enseñan a realizar algo de modo específico, con lo cual se convierte en aprendizaje de tipo procedimental, y nos enseñan para que sirve aquello que estamos aprendiendo, con lo que se transforma en aprendizajes de tipo competencial, válidos y útiles en el devenir de la vida cotidiana, y tan de moda hoy tras el desarrollo de la última ley de educación en Andalucía. En segundo lugar, su desarrollo requiere, muchas veces, la preparación de espacios y escenarios diferentes a los habituales del aula y el uso de materiales distintos a los empleados con regularidad, con lo cual tienen una fuerza motivacional importante para hacerse atractivos al alumnado y, por último, son un buen modelo para abrir el aula a la participación de las familias que, muchas veces tienen mucho que aportar en determinados campos que pueden ser susceptibles de trabajar por talleres.
Por tanto, son un buen elemento motivacional para la enseñanza y sirven para desconectar y hacer otras cosas y de otra manera en esas semanas cortas del año, sin que por ello pierda calidad e intensidad el proceso de aprendizaje, sino al contrario.
Yo, que en esto como en casi todo soy heterodoxo y hago las cosas a mi manera, no creo que cursos enteros deban llevarse a cabo bajo la metodología de los talleres de aprendizaje <aunque hay quién lo hace>, porque creo que lo poco agrada y lo mucho aburre, y, hay aprendizajes básicos como el lectoescritor que no se adaptan bien < a mi juicio> a este tipo de metodología, pero si que determinados saberes específicos pueden mostrarse de esta forma.
A su vez, cuando la metodología de aprendizaje implica mucho la colaboración de las familias, los talleres suponen una oportunidad única para que padres y madres cuenten a la clase sus habilidades específicas y nos enseñen los rudimentos para hacer cosas determinadas.
Así, dependiendo de las habilidades con que cuenten dentro de su tutoría el profesorado de infantil, pueden hacerse multitud de talleres: desde talleres técnicos de iniciación a la informática, talleres de cocina, de manualidades, de dibujo, de ritmo, de baile, de conocimiento de fenómenos físicos, de cuidado de plantas y animales...
Este curso, lo voy a proponer en mi aula, y espero que salga adelante.
viernes, 6 de julio de 2012
¿Educamos en analógico?
El título de la entrada viene al caso, porque un congreso de móviles y herramientas tecnológicas que se está celebrando en Madrid, pone de relieve la importancia de estos instrumentos entre las nuevas generaciones, y hace la siguiente pregunta: ¿Seguimos educando a nuestros alumnos en analógico, cuando estamos en la era digital?
En lo que a la educación infantil respecta, no me cabe duda de que así es, pues seguimos gastando un montón de tiempo y recursos en enseñar la escritura manuscrita al alumnado, escritura que a día de hoy solo se utiliza ya en la realización de exámenes en los periodos de estudios, y muy poco tiempo a acostumbrar al alumnado al uso de un teclado y un ratón, que es lo que van a usar más profusamente en el transcurso de su vida.
Las razones de esta disgresión son varias: en primer lugar, gran parte del profesorado que impartimos la educación infantil pertenecemos a la era analógica y no poseemos más que un dominio de tipo usuario en las nuevas tecnologías que nos lleva a no estar seguros en su impartición en el aula. en segundo lugar, los planes de estudios no recogen con claridad la importancia de dicho tema ni lo desarrollan adecuadamente y, en tercer lugar los equipos que poseemos en los centros suelen ser escasos y estar obsoletos y, cuando se da una materia de informática no llega más que a la educación primaria, porque no hay desarrollados programas para infantil, al menos en nuestro centro.
Pero el que la escuela siempre llegue tarde y vaya a contracorriente de la evolución tecnológica, no significa que esta no le vaya a acabar afectando, hasta el punto de cambiar el modelo de escuela que tenemos actualmente. El hecho de poder contar con Internet en el aula, bien manejado nos pone en disposición de un acceso rápido a una cantidad de información a la que jamás podremos llegar con un libro de texto, y esto, se quiera o no, es la muerte definitiva del libro de texto, porque no nos vamos a quedar con una información más condensada y reducida cuando podamos tener acceso a fuentes mucho mayores y más diversas de información. El que esto no se haya generalizado ya se debe, por una parte a la comodidad del profesorado que se aferra a su libro de texto, y, por otra a la falta de manejo para extraer y enseñar a extraer la información al alumnado de una herramienta tan importante como es Internet, pero es cuestión de tiempo, y de la misma forma que la imprenta desterró los incunables y supuso una ampliación y generalización del conocimiento, el uso de la red nos acostumbrará a no manejar una única fuente de información, sino varias, y aprender a contrastarlas y usarlas con rigor, con lo cual seremos más difícilmente manipulables y más libres en definitiva.
Y, ante esta revolución que ya ha llegado, aunque la escuela prefiera mirar para otro lado, entre otras cosas porque a los políticos que controlan la escuela pública nunca les interesa que los niños se hagan más críticos y aprendan a contrastar la información, porque pueden llegar a plantearse cuestiones tales como el papel de dichos políticos, la educación infantil tenemos la obligación de ser pioneros <como siempre> y formar niños y niñas tecnológicamente autosuficientes en el manejo de dichos aparatos, para lo cual debemos contar con el apoyo de las familias.
En lo que a la educación infantil respecta, no me cabe duda de que así es, pues seguimos gastando un montón de tiempo y recursos en enseñar la escritura manuscrita al alumnado, escritura que a día de hoy solo se utiliza ya en la realización de exámenes en los periodos de estudios, y muy poco tiempo a acostumbrar al alumnado al uso de un teclado y un ratón, que es lo que van a usar más profusamente en el transcurso de su vida.
Las razones de esta disgresión son varias: en primer lugar, gran parte del profesorado que impartimos la educación infantil pertenecemos a la era analógica y no poseemos más que un dominio de tipo usuario en las nuevas tecnologías que nos lleva a no estar seguros en su impartición en el aula. en segundo lugar, los planes de estudios no recogen con claridad la importancia de dicho tema ni lo desarrollan adecuadamente y, en tercer lugar los equipos que poseemos en los centros suelen ser escasos y estar obsoletos y, cuando se da una materia de informática no llega más que a la educación primaria, porque no hay desarrollados programas para infantil, al menos en nuestro centro.
Pero el que la escuela siempre llegue tarde y vaya a contracorriente de la evolución tecnológica, no significa que esta no le vaya a acabar afectando, hasta el punto de cambiar el modelo de escuela que tenemos actualmente. El hecho de poder contar con Internet en el aula, bien manejado nos pone en disposición de un acceso rápido a una cantidad de información a la que jamás podremos llegar con un libro de texto, y esto, se quiera o no, es la muerte definitiva del libro de texto, porque no nos vamos a quedar con una información más condensada y reducida cuando podamos tener acceso a fuentes mucho mayores y más diversas de información. El que esto no se haya generalizado ya se debe, por una parte a la comodidad del profesorado que se aferra a su libro de texto, y, por otra a la falta de manejo para extraer y enseñar a extraer la información al alumnado de una herramienta tan importante como es Internet, pero es cuestión de tiempo, y de la misma forma que la imprenta desterró los incunables y supuso una ampliación y generalización del conocimiento, el uso de la red nos acostumbrará a no manejar una única fuente de información, sino varias, y aprender a contrastarlas y usarlas con rigor, con lo cual seremos más difícilmente manipulables y más libres en definitiva.
Y, ante esta revolución que ya ha llegado, aunque la escuela prefiera mirar para otro lado, entre otras cosas porque a los políticos que controlan la escuela pública nunca les interesa que los niños se hagan más críticos y aprendan a contrastar la información, porque pueden llegar a plantearse cuestiones tales como el papel de dichos políticos, la educación infantil tenemos la obligación de ser pioneros <como siempre> y formar niños y niñas tecnológicamente autosuficientes en el manejo de dichos aparatos, para lo cual debemos contar con el apoyo de las familias.
jueves, 28 de junio de 2012
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